UNA MANERA DE BRILLAR CON LUZ PROPIA
Me refugié en mi casita de amor que construí con mi familia. Donde lo importante es alimentar sus mentes con palabras positivas, con enseñanzas verdaderas.
Al inicio aprendí a caminar muy despacio porque una personita pequeña me seguía y después llegó una persona muy pacífica que me llenó de paz.
Ahora tengo dos mejores amigas que me llaman mamá y piensan que soy la mejor, y yo me esfuerzo por aprender y ser mejor.
A veces me equivoco y subo la voz debido al estrés; pero se me acercan mis niñas, me abrazan y me dicen: «Tranquila, mamá, respira». Sonrío porque ellas hacen lo mismo que yo les enseño.
Hay días muy felices, otros llenos de lágrimas, en este camino exploro y vivo todas las emociones en su esplendor.
Ellas (mis hijas) son tan nobles y puras de corazón que me da mucho miedo cuando salen al mundo exterior y encuentren cosas poco agradables.
Así que les enseño a ser independientes, fuertes, a pedir ayuda cuando sea necesario, a escoger amigos que les alegren el corazón.
Lo siento, pero ahora no salgo a fiestas, me quedan pocos amigos, a los que están conmigo a mi lado y a la distancia muchas gracias por ser un gran soporte en mi vida. ¡Los amo!
Nos leemos, pronto.
Con amor, una mamá imperfecta.
La maternidad es un llamamiento divino y sagrado. Ningún servicio se compara con el que una madre brinda a sus hijos. Las siguientes citas honran hermosamente la nobleza de la maternidad.